Revista Cuatrimestral “Conecta Libertad” Recibido (Received): 2017/09/14
Vol.1, Núm.3, pp. 42-51 Aceptado (Acepted): 2017/12/16
ISSN 2661-6904
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La gráfica muestra que hay importantes diferencias entre los países, en el porcentaje
de personas que necesitan asistencia con al menos, una actividad básica de la vida
cotidiana. También demuestra claramente el impacto de la edad, ya que las personas de
entre 65 y 74 años tienen considerablemente menos necesidad de ayuda que las personas
de 75 años o más
Es de importancia mencionar, que según informes de la OMS (2015), para el año 2050
la población adulta mayor (PAM) se duplicará, pasando del 11% al 22%, aumentando de
605 millones a 2000 millones en el transcurso de medio siglo. Así mismo, pronostica que,
para esa fecha, el número de PAM que no pueden valerse por sí mismos se multiplicará
por cuatro en los países en desarrollo, lo cual generará el incremento de personas con
necesidad de asistencia a largo plazo, en cuidados domiciliarios o comunitarios, en
centros gerontológicos y de ayuda económica para suplir gastos de medicinas y para la
vida cotidiana. Todo lo anterior indica que se requerirá de un mayor número de cuidadores
para suplir el incremento de PAM.
En cuanto al término de cuidados, Aguirre, (2013), indicó que este tiene su origen en
la literatura anglosajona, proponiendo que puede ser utilizado en personas que asisten y
prestan asistencia de forma remunerada o no remunerada. Este concepto, supone
actividades materiales que implican dedicación de tiempo y a la vez un involucran la parte
emocional y afectiva del ser humano.
En cualquiera de los casos, el cuidado de las PAM, es ejercida por cuidadores formales
e Informales. Los cuidadores formales, son personas formadas, las cuales cuentan con
distintos niveles de capacitación, conocimientos técnicos, estatus y remuneración. Estos
brindan atención asistencial preventiva y educativa al adulto mayor y sus familiares, los
cuales trabajan en instituciones públicas y privadas, además reciben remuneración por
sus servicios (Cequera, Matajira, & Pabón, 2016). Los cuidadores informales, también
llamados familiares, son personas que asisten a personas otra afectadas, enfermas o con
cualquier tipo de discapacidad, que le dificulta o impide el desarrollo normal de sus
actividades vitales o de sus relaciones. Estos se catalogan como principales o primarios y
secundarios, según el grado de responsabilidad en el cuidado (Flores, Rivas, & Seguel,
2012).
En base a lo anterior, se puede deducir que la asistencia general de las PAM realizada
por cuidadores formales, se adecua al nivel de dependencia del adulto mayor, a las
normativas vigentes y a los protocolos establecidos los entes rectores de salud. Por el
contrario el cuidador informal, presenta una elevada carga física y mental, que alteran su
ámbito emocional, laboral y social, y aumentan el riesgo de padecer el síndrome de
sobrecarga del cuidador (Urbina & Zapata, 2017).
Síndrome de Sobrecarga del Cuidador (SSC)
El Síndrome de Sobrecarga del Cuidador (SSC), se puede describir como una
combinación de síntomas entre los espectros ansioso y depresivo, donde se desprenden
sentimientos de carga, estrés, tristeza y trastornos de adaptación (Camacho, Zapata, &
Gabriela, 2016). Así también, se presenta malestar físico, sensación de dolor y molestias
musculares, mareos, cefaleas tensionales, trastornos del sueño, incapacidad para relajarse,
irritabilidad y dispepsia. Todos producto de su estrecha relación con su actividad como
cuidadores (Zambrano & Ceballos, 2007).
Diversos estudios como los realizados por Flores, Rivas y Sequel (2012), demuestran
que los cuidadores informales, son en su mayoría mujeres, hijas, casadas y las nueras con
edades superior a los 45 años. En otros casos quien ejerce el cuidado es la esposa, quien
probablemente también es adulta mayor. Estas se dedican a la asistencia de las PAM a