Introducción
Según Kopf y Patel (2010), el dolor fue definido por la International Association for the Study
of Pain (IASP) como “una experiencia sensorial o emocional desagradable asociada a un daño
real o potencial en un tejido, o descrito en términos de dicho daño”. El manejo del dolor implica
la necesidad de una intervención interdisciplinar, integral y coordinada entre los diferentes
profesionales que forman los equipos asistenciales, incluyendo, por ende, al personal de
enfermería y basándose en los principios fundamentales de respeto a las personas, la objetividad,
integridad, calidad, calidez y equidad (Ministerio de Salud República del Salvador, 2017).
El dolor es uno de los síntomas más comunes de un gran número de enfermedades, y significa
un problema básico de salud en todo el mundo. Sin embargo, con frecuencia las personas
afectadas no reciben el tratamiento adecuado y oportuno debido a factores socioculturales,
religiosos, económicos, políticos y/o dependientes del profesional de salud. Aliviar el dolor es un
derecho del ser humano y constituye una obligación del profesional de salud, lo cual está
decretado en el Juramento Hipocrático y en la Declaración de Ginebra; donde se expone que el
personal de atención sanitaria debe velar por la salud integral del paciente (Martínez, 2015).
Diversos estudios han confirmado una elevada prevalencia del dolor agudo y crónico en la
población. Padrol (como se citó en Ruiz et al, 2013), refiere que alrededor del 61,4% de los
pacientes hospitalizados presentan dolor y que la mayoría de estos refieren dolor leve; por otra
parte afirma que los pacientes postquirúrgicos expresan más dolor que los no quirúrgicos.
Taranilla (2015), realizó una investigación en España sobre “La atención de enfermería al
paciente con dolor”, donde evidenció como resultado que en la mayoría de los casos el dolor
queda relegado exclusivamente a la administración del tratamiento farmacológico, prestándole
poca atención a otros factores como la comodidad, la compañía, la temperatura o la iluminación.
Este estudio aporta una base para esta investigación, la cual que demuestra las deficiencias de la
atención en el manejo del dolor por parte del personal de enfermería, quienes son los encargados
de tomar en cuenta los factores antes mencionados, poniendo en práctica las habilidades
interpersonales que debe cumplir un profesional de esta área para lograr el alivio del paciente.
Por otra parte, López et al (2013), estiman que entre el 70 y el 90% de las consultas en
urgencias son asociadas a dolor y, a pesar de la inversión en recursos para el alivio de este, entre
el 60 y el 80% de los pacientes no se encuentran satisfechos con el tratamiento que reciben.
En la ciudad de Quito-Ecuador, los autores Noboa y Zapata (2016), realizaron un estudio
sobre la “Evaluación de la calidad de atención en cuidados paliativos desde la perspectiva del
paciente en el Hospice San Camilo, periodo 2016”. En dicho estudio se valoraron cuatro
dimensiones: a) Competencia Médico Técnica, b) Condiciones Físico Técnicas, c) Enfoque
Orientado a la Identidad y d) Ambiente Sociocultural, a un total de 47 pacientes. Entre los
resultados obtenidos se evidenció que la dimensión con el menor puntaje fue de la competencia
medico técnica. Tomando en cuenta que en esta se incluye la atención relacionada al dolor, se
evidencia entonces que en el país también existe carencia en cuanto al manejo de dicha
dimensión y los pacientes se encuentran insatisfechos con la forma en que se les trata.
Esta investigación tuvo como propósito determinar el nivel de conocimiento del personal de
enfermería en relación con el manejo del dolor, esto es sumamente importante, ya que, si no se
poseen las bases teóricas fundamentales al respecto no se podrá cumplir con la buena praxis, lo
que afecta directamente al bienestar del individuo.
La investigación, se sustentó teóricamente en lo establecido por NANDA (2013), donde se
toman criterios específicos para el manejo del dolor, entre los cuales constan: forma correcta de