Revista Cuatrimestral “Conecta Libertad” Recibido (Received): 2018/07/15
Vol. 2, Núm. 3, pp. 13-23 Aceptado (Acepted): 2018/10/28
ISSN 2661-6904
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Deseo y actitudes sexuales en mujeres entre 18-35 años
Centro de salud San Antonio de Pichincha-Ecuador
Desire and sexual attitudes in women between 18-35years
San Antonio de Pichincha Health Center-Ecuador
Kathy Ayde Champutiz Quintana
1
, Santiago Bryan Bastidas Champutiz
2
, Jeny Patricia
Valencia Coloma
3
.Elena Elizabeth Sánchez Pérez
4
1
Obstetriz, Master en Ciencias de la Sexología, Universidad de Almería, Almería, España, https://
https://orcid.org/0000-0002-6242-3645.org/ kathyayde@hotmail.com
2
Estudiante de Medicina, Universidad de las Américas, Quito, Ecuador, https://orcid.org/0000-0002-3350-
8199 bryansant_12@hotmail.com
3
Obstetriz, Magister en Salud Sexual y Reproductiva, Universidad Central del Ecuador. Quito, Ecuador,
https://orcid.org/0000-0002-5759-6074 jenypat08@yahoo.com
4
Obstetriz Docente Investigadora del Instituto Tecnológico Superior Libertad, https://orcid.org/0000-0001-
5028-9015 elena.sanchez@itslibertad.edu.ec
Resumen: Objetivo: Relacionar el Deseo y actitudes sexuales, en mujeres de 18 a 35 años,
Centro de Salud San Antonio de Pichincha. Material y Método: 132 mujeres que acudieron
a la consulta externa del Centro de Salud. Los instrumentos administrados fueron el
Inventario de Deseo Sexual (Spector, Carey y Steinberg, 1996) (Adaptación de Ortega,
Zubeidat y Sierra, 2006), que presenta 13 ítems. Los ítems del 1 al 9 corresponde al deseo
sexual diádico, y del 10 al 13 deseo sexual solitario. También se aplicó el cuestionario EROS
que consta de 20 preguntas, de las cuales, 11 tienen ítems inversos y 9, ítems directos. En el
análisis estadístico se utilizó SPSS versión 22, ANOVA, Kruskall-Wallis, Chi Cuadrado,
Pearson y Alpha de Cronbach. Resultados: Edad media 29,91años, predomina un estado civil
unión libre (55,3 %), la ocupación se centra en quehaceres domésticos (62 %) y la mayoría
cuenta con una educación primaria (61,4 %). La frecuencia de relaciones sexuales es de más
de 3 veces por semana (40,9 %), e iniciaron su vida sexual activa 17,48 años. Las únicas
variables sociodemográficas estadísticamente significativos fueron la edad y relaciones
sexuales (p=<0,05), la correlación del deseo sexual y las actitudes sexuales fueron
estadísticamente significativas en todas sus dimensiones (p=<0,05). Conclusiones: La
sexualidad es un factor fundamental en la vida sexual de las personas, y esta a su vez en la
calidad global de la vida, los resultados de este estudio afianzan la necesidad de intervención
en la comunidad de mujeres, para trabajar sobre sus actitudes sexuales y el conocimiento de
la sexualidad.
Palabras clave: deseo, erotofobia, erotofilia, actitudes sexuales.
Abstract: Objective: Relate desire and sexual attitudes in women aged 18 to 35, San Antonio
de Pichincha Health Center. Material and Method: 132 women who attended the external
consultation of the Health Center. The instruments administered were the Inventory of Sexual
Desire (Spector, Carey and Steinberg, 1996) (Adaptation of Ortega, Zubeidat and Sierra,
2006), which presents 13 items. Items 1 to 9 correspond to dyadic sexual desire, and 10 to
13 solitary sexual desire. The EROS questionnaire consisting of 20 questions was also
applied, of which 11 items are inverse and 9 items are direct. In the statistical analysis, SPSS
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version 22, ANOVA, Kruskall-Wallis, Chi Square, Pearson and Cronbach's alpha were used.
Results: Average age 29.91 years, a free union civil status predominates (55.3%), the
occupation focuses on household chores (62%) and most have a primary education (61.4%).
The frequency of sexual intercourse is more than 3 times per week (40.9%), and they began
their active sexual life 17,48 years. The only statistically significant sociodemographic
variables were age and sexual relations (p = <0.05), the correlation of sexual desire and sexual
attitudes were statistically significant in all its dimensions (p = <0.05). Conclusions:
Sexuality is a fundamental factor in the sexual life of people, and this in turn in the overall
quality of life, the results of this study strengthen the need for intervention in the community
of women, to work on their attitudes sexual and knowledge of sexuality.
Keywords: desire, erotophobia, erotofilia, sexual attitudes.
Introducción
A lo largo de la historia, el deseo sexual, ha sido influenciado por diversos factores, mitos,
tabúes, normas y ritos implícitos en la sociedad, enfocando este tema hacia un punto
biologicista, conductual y genitalizado. Las conductas que son manifiestas en la sexualidad,
como la actitud hacia la masturbación, el sexo oral o conductas encubiertas como las fantasías
sexuales, conceptúan un miedo hacia temas de sexualidad, haciéndolo muy complejo (Moral
y Ortega, 2008).
Desde la mitología griega Eros era considerado como Dios de la atracción sexual, de la
fertilidad, el amor, representado por un joven con un arco con dos clases de flechas, una que
provoca el amor instantáneo y otra la indiferencia explicándose los diferentes aspectos del
amor (Coronado, 2012). El deseo se difunde en el cristianismo con el amor cortés, el amor
romántico apoyado en tres pilares. En el primero, el deseo es falta y es una energía que
reconquista la unidad perdida, en el segundo, la pareja es la unidad recobrada, y, por último,
la división de dos formas, el sexo como pura materia, sucio e impío y el amor sentimental
limpio (Hernández, 2012).
En el siglo XIX, el deseo sexual era considerado muy peligroso en las mujeres. Este se
curaba con cinco tratamientos médicos que frenaban el deseo sexual (Peña, 2016). Los
síntomas de descarga de deseo sexual eran curados con un masaje en los genitales dado por
los galenos, al estar prohibida la masturbación en ese entonces. El Médico Británico Joseph
Mortimer Grabville, en el año 1880, inventa el primer vibrador a pilas, para satisfacer el
deseo sexual a las mujeres que acudían a la consulta, y al provocar una gran demanda de
masajes dada por los médicos, más tarde el ginecólogo más importante del siglo XIX Isaac
Baker Brown propone cortar el glande del clítoris, arrancando el problema de raíz, según el
galeno. Esta barbarie no duró mucho en Gran Bretaña, pero Estados Unidos se siguió
practicando hasta mediados del siglo XX. Otro de los tratamientos era terminar con los
terribles sueños libidinosos que confesaban las mujeres, siendo un suicidio vaginal. Se cuenta
la historia de una joven victoriana que en 1856 se atreva confesar a su médico sus deseos
sexuales con su pareja y con otros hombres, sometiéndola a un tratamiento agresivo, para
que no tuviera relaciones sexuales con su pareja y alejándola de él, entre los que se menciona:
enemas, baños helados y limpiar su vagina con una solución de bórax, solución médica que
acabó con todos sus sueños sexuales, cumpliendo el objetivo de alejarla de su pareja.
Desde tiempos remotos, la menstruación ha sido considerada como una parte impura de
la mujer, una maldición. Por ejemplo, los franceses pensaban que un niño concebido en ese
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momento estaría sujeto a enfermedades como lepra, sífilis, úlceras (Delaney, 1988).
Otro paradigma de esto se encuentra en el estudio realizado en Nueva Guinea a la cultura
Baruya, donde las jóvenes que tenía su primera menstruación eran recluidas en una cabaña
durante tres o cuatro días, privándoles de sus necesidades básicas (Lucas, 2009), y si llegaran
a desobedecer, las mujeres adultas las golpean recordándoles la dominación masculina,
afirma el autor. Por último, en la Grecia clásica, para Hipócrates y sus seguidores, la histeria
tenía relación con el útero errante, en la que este órgano se desplazaba por el interior del
organismo y producía esta enfermedad, encontrándose una cura poco apetecible para las
mujeres. Según el dico romano Areteo de Capadocia “El útero se deleita con los olores
fragantes y avanza hacia ellos, tiene una aversión a los olores fétidos y huye de ellos” (Ramos,
2016), basándose la cura de esto en la aromaterapia, con la aplicación de olores agradables
en la vagina para que el útero bajara y se quedara en su posición habitual.
En este contexto, Kaplan (1977), define el deseo como las sensaciones o motivaciones
que motivan a un individuo a responder frente a un estímulo sexual, lo que involucra a su vez
la influencia de factores biológicos o pensamientos y estimulación externa a través de la vista,
es una motivación más de igual importancia que la excitación, orgasmo, meseta y resolución
que el tradicional modelo de Masters y Johnson.
Asimismo, uno de los primeros autores en la época moderna del desarrollo de la sexología
clínica, describe el deseo sexual como una dimensión diferente de la excitación y el orgasmo.
Fue Lief (1977), quien define: “El deseo sexual es un aspecto de la vida humana,
extraordinariamente complicado, y requiere una aproximación multifactorial para su
comprensión”. Es de interés precisar que “El deseo es una experiencia que debía ser
contemplada desde una perspectiva triple; afectiva, cognitiva y biofisiológica, debiendo ser
visto como un concepto referido a la experiencia” (Bancrof, 1988).
Dentro de la complejidad, se presenta un modelo tridimensional, con tres ejes, la
intensidad del deseo, el nivel de excitación y el tiempo (Schnarch, 1991). En este mismo
orden de ideas, el deseo sexual tendría tres componentes: 1) el deseo sexual es lo que precede
y acompaña a la excitación, 2) la tendencia psicobiológica a buscar satisfacción sexual y 3)
es la energía que conduce al comportamiento sexual.
Levine (1987), afirma que el deseo sexual integra tres elementos: El impulso, que es una
acción que es manifestada a través de acciones específicas en la activación sexual, el anhelo
como una representación independiente del impulso, que sería el deseo de desear y el motivo
siendo este el más complejo de los componentes, es la disposición hacia la actividad sexual
inducida por el impulso, que está condicionado por la identidad de género, la calidad de
relaciones sexuales , no sexuales y transferencia de vínculos del pasado.
El deseo sexual sería algo más complicado, con tres dimensiones: el deseo de la descarga
de la tensión sexual, es la dimensión más sensible a la fisiología humana en el que la
dopamina y los andrógenos son los mediadores químicos que conforman el principio básico
del deseo sexual humano, el deseo de ser deseados fundamentada en la necesidad de
autoafirmarnos en los demás, muy arraigados en las mujeres y hombres y, por último, el
deseo del encuentro mutuo es el deseo de estar en sincronía, de comunicarnos con la otra
persona, de fundirnos, muy presente y no lo tenemos en cuenta, una intensa sed de piel desde
que nacemos hasta que morimos (Lucas, 2009).
Al indagar sobre el estado de este tema en el mundo, se destaca un estudio realizado sobre
la Valoración del Deseo Sexual, en pacientes con baja por accidentes laborales, aplicado a
una población conformada por 71,6 % hombres y 28,4 % mujeres, refiere que el nivel de
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deseo sexual era bueno y satisfactorio antes de su accidente laboral para el 100% de la
población, manifiesta el autor, que hay una variación en el deseo sexual en un 40,2 % del
total de la población, disminuyendo el deseo sexual en los primeros días de baja (Nuño,
2013).
En otro estudio para valorar el trastorno del deseo sexual hipoactivo (TDSH) con 2
cuestionarios de función sexual, en una muestra de mujeres con menopausia quirúrgica y su
comparación con mujeres normales, se observó que el 82,69 % de mujeres no estaba
satisfecha con su vida sexual, un 69,23 % tuvo disminución en el deseo sexual y la
disminución de sensaciones placenteras se presentó en un 55,76 % de mujeres (López, 2010).
De acuerdo con estas investigaciones, se concuerda en que “Las actitudes son creencias
acerca de un objeto o situación que predispone al sujeto a actuar” (Rokeach, 1968). Pero en
un estudio realizado de actitudes y conductas sexuales, se encontraron relaciones
estadísticamente significativas entre las actitudes hacia la sexualidad y diferentes prácticas
sexuales, realizadas por primera vez y última, en solitario y en compañía, como masturbarse,
haber tenido actividad sexual, primera experiencia no coital, primer coito, su grado de
satisfacción y la consecución del orgasmo eran estadísticamente significativas (Diéguez,
2009).
Otro estudio sobre la culpabilidad sexual en jóvenes demostró que este es un factor
determinante en la actitud sexual (Sierra, 2011), pues se ha demostrado que las mujeres son
más erotofóbicas que los hombres (Carpintero y Fuertes, 1994; Fisher, 1988; Geer, 2005;
Gilbert, F.S & Gamache, M.P., 1984; Lameiras y Fernández, 1998; Lameiras-Fernández et
al., 2010). Otro estudio que mide las Actitudes Sexuales (AS) en estudiantes de una
universidad de Lima Metropolitana, encontque la creencia religiosa influenciaba en las
actitudes en los hombres (García, 2005), restringiendo su frecuencia y variedad y, por otro
lado, que las mujeres reprimen mucho más su sexualidad. Asimismo, se ha demostrado que
existe una prevalencia del desorden de deseo sexual hipoactivo (Raigosa-Londoño, 2012).
En consecuencia, se abordaron diferentes variables sociodemográficas que se contrastaron
con el mayor o menor nivel de deseo sexual concordancia con lo descrito por diversos
autores, que demostraron que la erotofobia se asocia a la frecuencia de actividades sexuales
(Hurlbert, Apt y Rabehl, 1993; (Sierra, 2008) o que las actitudes hacia la masturbación
influyen en su práctica (Abramson y Mosher, 1975; Lo Presto, Sherman y Sherman, 1985;
(Wang RJ, 2007).
En síntesis, la investigación estudia como fenómeno si la erotofobia y erotofilia influyen
en el deseo sexual de las mujeres, que acuden a la consulta del Centro de Salud de San
Antonio de Pichincha, y atendremos una herramienta para crear una educación sexual en
las mujeres del permitiéndoles conocer su cuerpo, sus sensaciones, emociones que la pueden
llevar a un disfrute sexual placentero y sano; floreciendo un área importante y fundamental
en la vida del ser humano “el deseo”. En tal efecto, se desarrolla un proceso investigativo
con el propósito de relacionar el deseo y actitudes sexuales, en mujeres de 18 a 35 años,
Centro de Salud San Antonio de Pichincha.
Metodología
El presente trabajo es una investigación descriptiva, no experimental, transversal
correlacional, con un enfoque cuantitativo.
Muestra poblacional
La selección de la muestra de este estudio se ha obtenido por un muestreo no
probabilístico, método casual o incidental, representada por las mujeres de 35 a 45 años, que
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acudieron a la consulta externa del Centro de Salud de San Antonio de Pichincha, desde el
mes de mayo de 2015 a agosto de 2015, dando un total de 132 usuarias.
Criterios de exclusión: mujeres menores de 18 años o mayores de 35 años y mujeres
embarazadas.
Consideraciones éticas
El presente estudio fue aprobado por el comité de investigación del Distrito D17D03
Cotocollao, la participación fue libre y voluntaria por parte de las usuarias que acudieron a
la consulta externa de Obstetricia del Centro de Salud San Antonio de Pichincha, con la
respectiva autorización del consentimiento informado, informando del objetivo del trabajo y
confidencialidad.
Instrumentos
Se aplicaron tres cuestionarios. El primero fue un cuestionario de datos generales, con
variables sociodemográficas. En segundo lugar se administró una Encuesta Revisada de
Opinión Sexual (EROS), que mide la dimensión máxima de erotofilia-erotofobia o actitud
aprendida frente a los estímulos sexuales, adaptación del Instituto Andaluz de Psicología y
Sexología (Del Río Olvera, López Vega y Cabello Santamaría, 2013), que es aplicable a un
mayor rango de población, al tener en cuenta la orientación sexual; midiendo un concepto
bipolar de erotofobia- erotofilia, definido como la disposición frente a estímulos sexuales;
consta de 20 ítems en el que los ítems 1, 3, 4, 6, 7, 8, 9, 10, 17 y 20 son directos y los ítems
2, 5, 11, 12, 13, 14, 15, 18, 19 son inversos, determinando una fiabilidad mediante el
coeficiente alfa de Cronbach, cuyo valor fue de 0,851.
Por último, el Inventario de Deseo Sexual 13 ítems que se agrupaban en dos factores:
Deseo sexual diádico (ítems 1-9) que hace referencia por mantener contactos sexuales con
otra persona, y Deseo sexual solitario (ítems 10-13), o interés por la actividad sexual solitaria,
como la masturbación o el material erótico. Los ítems se responden en una escala de 8-9, la
adaptación española llevada a cabo por Ortega, Zubeidat y Sierra (2006), que mostró unas
adecuadas propiedades psicométricas. La fiabilidad de consistencia interna (alfa de
Cronbach) fue 0,87 para el deseo sexual diádico y 0,88 para el solitario. La información fue
analizada en el Programa SPSS 22.
Resultados
La media de edad fue de 25,91 años, con una desviación estándar de 5,12. El mínimo de
edad fue de 18 años y el máximo de 35 años. La ocupación más frecuente fue mujeres
dedicadas a los quehaceres domésticos en un 62,1 %, seguido de costureras con un 6,8%,
mujeres que trabajaban en ventas en un 6,1%, estudiantes un 5,3%, empleadas domésticas en
4,5 %, secretarias en 3,8%, microartesana y obstetriz en 2,3%, mujeres que tenían negocio
propio en 1,5 % y las ocupaciones de profesora, limpieza, auxiliar de enfermería, albañil,
peluquería, contadora, mesera en un 0,8% cada una. En el nivel de estudio El 8,3 % no tenía
instrucción, el 22,7 % tenía instrucción primaria, el 61,4 % tuvo instrucción secundaria y el
7,6 % tenía educación superior. El 1,5% de mujeres no tenían pareja.
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El 9,1 % de las mujeres fueron solteras, el 34,8 % eran casadas, el 55,3 % vivían en unión
libre y un 0,8 % estaba separada.
Tabla 2. Distribución edad de la pareja
N
Mínimo
Máximo
Media
Desviación
estándar
Edad de la
pareja
132
17
50
29,32
6,62
La media de la edad de la pareja fue de 29,32, una desviación estándar de 6,62, con una
edad mínima de 17 y una máxima de 50 años. La media del tiempo de realación de pareja,
fue de 6,42 años, una desviación estándar de 4,57, con un mínimo de 1 año y un máximo de
18 años. El 97,7 % de mujeres tenían actividad sexual con sus parejas, y un 2,3% no la tenía.
Tabla 3. Frecuencia de las relaciones sexuales
Frecuencia
Porcentaje
2
1,5
2
1,5
44
33,3
30
22,7
54
40,9
Un 40,9 % de mujeres tienen relaciones sexuales 3 veces o más por semana, frente a un el
1,5 % no tiene relaciones sexuales.
Tabla 4. Inicio de vida sexual activa
Mínimo
Máximo
Media
Desviación
estándar
Inicio de
vida sexual
activa
13
28
17,48
2,35
Tabla 1. Distribución Estado Civil
Frecuencia
Porcentaje
Soltera
12
9,1
Casada
46
34,8
Unión libre
73
55,3
Separada
1
0,8
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La edad media de inicio de la vida sexual activa es de 17,48. La media de compañeros
sexuales fue de 1,64, con una desviación estándar de 0,94, un mínimo de 1 y un máximo de
6.
El Análisis Bivariante, realizado el Test de Kolmogorov Smirnof, demuestra que las
variables cuantitativas que siguen una distribución normal son: total deseo y erotofobia,
utilizándose Anova, las demás variables son no paramétricas y se utilizó la prueba de
Kruskall Wallis. Al relacionar las distintas variables cualitativas dio como resultado:
El estado civil y la frecuencia de relaciones sexuales con Prueba de Chi cuadrado (Razón
de Correlación de Pearson. El total del deseo sexual se correlaciona con la homofobia, es
estadísticamente significativo (p=<0,05).
Tabla 6. Correlación total deseo y homofobia
Homofobia
Total deseo
Correlación de
Pearson
0,21
Sig. (bilateral)
0,01
Total deseo y erotofobia Correlación de Pearson. La correlación del total del deseo y la
erotofobia es estadísticamente significativo (p=<0,05).
Tabla 7. Correlación Total deseo y erotofobia
Erotofobia
Total
deseo
Correlación de
Pearson
0,19
Sig. (bilateral)
0,02
Correlación de Pearson. La correlación del total del deseo y la erotofilia es
estadísticamente significativo (p<0,05).
Tabla 5. Frecuencia de relaciones sexuales
Menos de
una a la
semana
1 a la
semana
2 veces por
semana
Más de 3
veces por
semana
No tiene
Soltera
0
8
0
4
0
Casada
0
16
10
19
1
Unión libre
0
20
20
31
2
Separada
1
0
0
0
0
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Tabla 8. Correlación Total deseo- erotofilia
Erotofilia
Total
deseo
Correlación de
Pearson
0,47
Sig. (bilateral)
0,00
Correlación Deseo-Eros. Correlación de Pearson. La correlación de deseo sexual diádico,
deseo sexual solitario, total de deseo y total eros fue estadísticamente significativo en todos
(p=<0,05).
Tabla 9. Correlación Deseo-Eros
Diádico
Solitario
Total Eros
Total
deseo
Correlación de
Pearson
0,91
0,76
0,38
Sig. (bilateral)
0,00
0,00
0,00
Diádico
Correlación de
Pearson
0,43
0,33
Sig. (bilateral)
0,00
0,00
Solitario
Correlación de
Pearson
0,32
Sig. (bilateral)
0,00
El análisis de fiabiliadad para los cuestionarios fue: Inventario de Deseo Sexual (Spector,
Carey y Steinberg, 1996; Adaptación de Ortega, Zubeidar y Sierra, 2006), de 0,83, para las
dimensiones del deseo sexual diádico 0,81, deseo sexual solitario 0,89 y para la Encuesta
Revisada de Opinión Sexual (EROS) fue de 0,65.
Discusión
El análisis de las variables sociodemográficas, como edad, estado civil, ocupación, tiempo
de relación con la pareja, número de embarazos, inicio de vida sexual activa, las variables
no fueron estadísticamente significativas con la erotofobia, la erotofilia y el deseo sexual,
diferente al estudio epidemiológico de la Disfunción Sexual Femenina en la que la edad,
número de embarazos, años de instrucción, tuvo relación con el deseo sexual hipoactivo que
se presentó en un 32,2 % de las mujeres estudiadas (Real, 2010).
Una de las disfunciones sexuales femeninas más frecuentes en mujeres es el trastorno del
deseo sexual hipoactivo, que afecta a un 10 % de mujeres (Ruiz, 2012; Cabello y Palacios,
2012). Este estudio PRESIDE (Prevalencia de los Problemas Sexuales Femeninos Asociados
con el Malestar y Factores Determinantes en la Búsqueda de Tratamiento), realizado en
Estado Unidos, encontque el bajo deseo sexual en mujeres en todos los grupos de edad
tuvo una prevalencia de 38,7 %, que asociada a la angustia en mujeres de 18 a 44 años fue
del 8,9 %.
En el estudio el Women’s International Study of Health and Sexuality (WISHeS), la
prevalencia de bajo deseo sexual en E.E.U.U, Reino Unido, Francia, Alemania e Italia, se
encontró entre el 9 al 26 % y del 6 al 26 % en Europa, en función de factores como la edad,
(Barton,I.P & Rosen, Leiblum, & Koochaki, 2006), sin embargo en nuestro estudio las
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variables sociodemográficas no fueron estadísticamente significativas, (p=>0,05) con una
media para el deseo sexual de 44,65.
En el presente estudio realizado, al relacionar las dimensiones del deseo sexual, con la
erotofobia y la erotofilia, arrojó un valor de p= 0,00 siendo estadísticamente significativos,
lo cual confirma la hipótesis planteada, es decir que las actitudes sexuales intervienen en el
mayor o menor grado de deseo sexual en las mujeres de 18 a 35 años que acudieron a la
consulta externa del Centro de Salud San Antonio de Pichincha.
Confirmando lo observado en el estudio, en el que el deseo sexual está determinado por
diversos factores en las mujeres, como la ansiedad, las fantasías íntimas y la erotofobia que
explicaron un 18,7 % del deseo sexual inhibido (Ortega y Sierra, 2004).
Sin embargo no corrobora con el estudio realizado en parejas universitarias en el que los
hombres y mujeres tenían altos niveles de erotofilia, sin diferencias significativas y que el
número de compañeros sexuales también predisponen a una mayor erotofilia difieriendo de
nuestro con un valor de (p=>0,05), no fue estadísticamente significativo (Lopez, 2013).
Conclusiones
Después de realizar el presente trabajo relacionando las dimensiones del deseo sexual con
la erotofobia y erotofilia y a su vez con las variables sociodemográficas se puede concluir:
El deseo sexual en una dimensión que se relaciona con diferentes variables
sociodemográficas, en este estudio únicamente fueron estadísticamente
significativos las variables, estado civil y la frecuencia de relaciones sexuales.
El inicio de la vida sexual activa y la edad de la paciente no tuvo relación con las
dimensiones del deseo, ni la erotofobia y erotofilia.
El número de embarazos, el número de compañeros sexuales no tuvo relación con
el deseo sexual y las actitudes sexuales.
Las amas de casa y las mujeres que viven en unión libre, tienen relaciones
sexuales con más frecuencia.
Las mujeres estudiadas tienden a ser homofóbicas.
Las actitudes sexuales tienden a influir en la expresión del deseo sexual.
Dado que la sexualidad en todas sus dimensiones, es un factor fundamental en la vida
sexual de las personas, y esta a su vez en la calidad global de la vida, los resultados de este
estudio afianzan la necesidad de intervención en la comunidad de mujeres, para trabajar sobre
sus actitudes sexuales y el conocimiento de ls sexualidad.
Referencias:
Abramson, P. R. (1975). Abramson, P. R. & Mosher, D. L. Recuperado el 17 de Mayo de
2016, de Development of a measure of negative attitudes toward mastur-bation. Journal
of Consulting and Clinical Psychology:
https://www.researchgate.net/publication/262440389_Attitudes_Toward_Masturbatio
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