Revista Cuatrimestral “Conecta Libertad” Recibido (Received): 2021/07/30
Vol. 5, Núm. 2, pp. 34-47 Aceptado (Acepted): 2021/08 /11
ISSN 2661-6904
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Discusión
La ergonomía visual es un ámbito que se debe tener en cuenta al momento del desarrollo
de las áreas de trabajo, con la finalidad de evitar riesgos físicos con la visión, ya que pueden
deparar en enfermedades profesionales como la astenopia, y “dentro de los tipos de riesgo
que desencadenan enfermedades profesionales, considerados riesgos de higiene, tenemos los
físicos y dentro de estos el más relevante es la iluminación” (Álvarez, Conti, Valderrama,
Moreno Jiménez, 2006, p. 232). Según lo mencionado por Saavedra, Rey y Luyo (2016) “Los
sectores residencial, comercial e industrial corresponden al alumbrado interior de las
edificaciones, por lo que en muchas aplicaciones utilizan las mismas tecnologías de
iluminación”, (p. 3). Es decir, no determinan la iluminación por ámbito laboral y más bien se
basan solo en la duración del elemento luminario y el bajo consumo de energía, lo cual
conlleva a la implementación de equipos de protección personal para los operarios, dejando
de lado el criterio de ergonomía visual que establece que se opte por un diseño enfocado en
el operario mas no en la industria. Lo recomendable es determinar la distribución de
iluminaria por métodos técnicos, porque: “uno de los factores que más incidencia tiene sobre
los trastornos visuales es la iluminación directa con tubos fluorescentes” (Álvarez, Conti,
Valderrama, Moreno Jiménez, 2006, p. 242).
Dentro de un taller mecánico el estudiante está expuesto a otros factores de riesgo, como
lo mencionan Álvarez, Conti, Valderrama, Moreno Jiménez (2006), también “a la
contaminación generada por agentes de riesgo como el dióxido y monóxido de carbono, así
como el monóxido de nitrógeno, que son los gases de combustión de los vehículos,
desencadenan en el trabajador irritación ocular” (p. 237). Tomando los datos de la norma
NTE INEN 2204 2017, los operarios del taller están expuestos a un 2,3 g/km de monóxido
de carbono, 0,15g de monóxido de nitrógeno y 0,2g/km de hidrocarburos no quemados,
durante las cuatro horas de prácticas que tienen en el taller mecánico y, en ocasiones, para
mitigar esa falta de iluminación, se ha determinado que se utilicen gafas de policarbonato
como parte del equipo de protección personal.
Con la instalación de lámparas de halógeno que “utilizan un filamento diseñado con
mayor precisión en una cápsula de cuarzo llena de gas halógeno, que se recubre con
materiales espectralmente selectivos” (Saavedra, Rey y Luyo, 2016, p. 4), con 100vatios de
potencia, se busca mejorar la iluminación en la jornada nocturna. No obstante, luego de
realizar las mediciones se obtienen los siguientes valores de luminancia: 57,125lux en el área
de elevadores, 38,38lux en el área de bodega, 88,08lux en el área de taller general, 113,66lux
en el área de cajas y 98,9lux en el área de motores. Estos valores se encuentran muy por
debajo de los 500lux que mencionan las normas. A pesar de tener una buena tecnología,
“ciertos espacios requieren algún tipo de iluminación especial para aprovechar las
condiciones del mismo, como es el caso de […] los hospitales, las oficinas, las industrias”
(Triana y Camargo, 2020, p. 84). En este punto se debe combinar la tecnología de la luminaria
con el aspecto técnico, para auxiliar a la selección de “fuente de luz adecuada y los ideales
niveles de iluminación contribuyan a un mejor desempeño laboral y a la reducción de estrés
y cefaleas en los trabajadores” (Triana y Camargo, 2020, p. 84).
Según Álvarez, Conti, Valderrama, Moreno Jiménez (2006): “el ojo humano está
adaptado a una iluminación normal entre 40 y 100 vatios” (p. 235). Esto determina que las
iluminarias no necesariamente deben tener valor alto de potencia para iluminar mejor, por el
contrario, la distribución, la ergonomía visual y el ahorro en el consumo de energía pueden