Revista Cuatrimestral “Conecta Libertad” Recibido (Received): 2016/12/11
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Imaginario colectivo de la profesión de enfermería
Collective imaginary of the nursing profession
Mariana Carolina Díaz
1
, Isabel Cristina Meléndez Mogollon
2
.
1
Licenciada en Enfermería. Docente de la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado. Barquisimeto-
Venezuela. carolinadiaz1002@gmail.com
2
Licenciada en Enfermería. Docente Investigadora del Instituto Superior Tecnológico Libertad. Quito
Ecuador. https://orcid.org/0000-0002-9030-8935 icmelendez@itslibertad.edu.ec
Resumen: La imagen de la enfermería siempre ha estado marcada por creencias y
estereotipos dictados por la historia de la profesión y una visión paradigmática hegemónica.
No obstante, con el paso del tiempo se ha perfilado como una de las profesiones más
demandadas dentro del sistema de salud y más requeridas para la asistencia sanitaria de las
poblaciones. Es por ello, que el presente ensayo, aborda la imagen o representación social de
esta profesión que aún se desarrolla como disciplina, y genera conocimientos requeridos para
la curación y mantenimiento de la salud.
Palabras clave: Imagen colectiva, Representaciones Sociales, Enfermería, Cuidado
Humano, Historia de enfermería.
Abstract: Nursing began as an occupation associated with service within religion or the
feminization of care from the maternal perspective of assisting and protecting the other.
However, over time it has emerged as one of the most demanded professions within the health
system and most required for the health care of the populations. That is why, this essay
addresses the image or social representation of this profession that is still developed as a
discipline, and generates knowledge required for the healing and maintenance of health.
Keywords: Collective image, Social Representations, Nursing, Human Care, History.
Introducción
El cuidado humano está identificado como objeto epistémico de la enfermería. Esto ha
significado romper con una visión artística, servil, cnica y artesanal del ejercicio, dando
paso al cuidado como ciencia y a la enfermería como disciplina, con un lenguaje y quehacer
propio. Es así como el profesional construye su conocimiento fundamentado en las ciencias
naturales y sociales que promueven el logro de competencias cognitivas, procedimentales y
actitudinales, las cuales al ser conjugadas darán respuesta a la demanda social de la nación
en relación al cuidado de los procesos salud-enfermedad y vida-muerte.
En este sentido, Poblete (2007), al fundamentar la visión humanista del cuidado para
enfermería cita a Watson (2005), quien define que el cuidado en enfermería: es la razón
moral, no es una acción o un procedimiento, el cuidar es un proceso interconectado,
intersubjetivo, de sensaciones compartidas entre la enfermera y el paciente”. De esta manera
se afianza el proceso complejo en que se desarrolla el cuidado y se realza la vinculación de
los actores, determinando una relación significativa, cuando el cuidar refleja el compromiso
con la preservación de la dignidad humana.
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Así también, Marriner (2005) citando a Leininger (1990), señala que “el cuidado es para
la enfermería el dominio central del cuerpo del conocimiento y prácticas, puesto que en todo
el proceso histórico de la enfermería como oficio, practica técnica hasta constituirse en
disciplina prevalece el cuidado; incluso se ha intentado formalizar y dar un basamento
científico a través de una metodología como lo es el proceso enfermero que también se centró
en darle al cuidado una sistematización a través de un método secuencial, es por ello que la
misma autora considera que el cuidado tiene un alto significado para la enfermería y para la
persona, al diferenciar que “no puede existir curación sin cuidados, pero puede existir
cuidado sin curación”.
Reflexión-Argumentación
Ante el alto valor social del cuidado, la enfermería ha ido ocupando espacio en diversas
áreas de desarrollo del ser humano, pasando por un proceso de transición, a nivel académico
o científico, en donde se han logrado avances a grandes pasos, en Venezuela, actualmente el
ejercicio de la enfermería es posterior a la formación de una carrera universitaria, sea a nivel
técnico o licenciatura como escalafón mínimo de formación. Así también se ha logrado la
oferta y formación de especialista en diversas áreas del cuidado a lo largo del ciclo vital, en
todo este sistema de formación se ha generado una alta productividad científica por parte de
los profesionales para la obtención de estos niveles académicos, representados en
investigaciones orientadas a niveles de formación en pregrado, postgrado y doctorado.
No obstante, en el campo laboral, no se visibilizan los esfuerzos académicos, puesto que
muchos profesionales son empleados bajo una condición menor a su categoría de formación,
obligándose a ser empleados como técnicos aunque su desempeño este circunscrito a una
especialidad, como lo son las áreas clínicas de terapia intensiva o a nivel preventivo un área
de inmunizaciones, conduciéndolos a la asistencia de una persona condicionada por el
cumplimiento de una tarea mínima en relación a su cargo, el cual en ocasiones, este cargo o
perfil profesional ha sido descrito por profesionales que no cuentan con una formación en la
disciplina, deformando la esencia del ejercicio enfermero para favorecer la proyección social
de una imagen errada centrada en la administración de fármacos en masa.
En este sentido, Hernández citado por Pérez explica que la sociedad cuando se le pide
caracterizar el trabajo del profesional de enfermería enfatiza solo que el trabajo se orienta al
desarrollo de habilidades técnicas como son las curas, la aplicación de un medicamento,
extracción de muestras sanguíneas, sin tomar en cuenta otros roles del profesional, es decir
solo se evidencia y se da importancia a una mínima parte del cuidado enfermero. Llama la
atención que esta imagen social es la consecuencia de una conjunción de elementos, muchos
de ellos subjetivos, intangibles y difusos, pero que se mantienen en el tiempo, construidos
culturalmente en la relación de símbolos, otorgados por el grupo de personas integrantes de
la sociedad en su vida y práctica, impregndose en si misma de forma consciente e
inconsciente de generación en generación hasta mantenerse en el tiempo.
En este particular Heierle Valero (2015), citando a Bordiue (1977), considera sea tan
importante para las enfermeras que la percepción hasta este momento intuitiva de que su
identidad socialmente aun responde a los perfiles de una ocupación, a pesar que la auto
identidad lleve decenios construyéndose. Así también, se considera una creación colectiva,
multidimensional, que define o da un significado atribuible a algo, alguien o una actividad,
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de modo que se ratifica en los valores, la creencia, la cultura, las costumbres, las experiencias
y los saberes tradicionales de toda una sociedad.
En base a la experiencia de las autoras, esta imagen social es la consecuencia de una
conjunción de elementos, muchos ellos subjetivos, intangibles y difusos, pero que se
mantienen en el tiempo, construidos culturalmente en la relación de símbolos, otorgados por
el grupo de personas integrantes de la sociedad en su vida y práctica, impregnándose en si
misma de forma consciente e inconsciente de generación en generación hasta mantenerse en
el tiempo. Así también, se considera una creación colectiva, multidimensional, que define o
da un significado atribuible a algo, alguien o una actividad, de modo que se ratifica en los
valores, la creencia, la cultura, las costumbres, las experiencias y los saberes tradicionales de
toda una sociedad.
De acuerdo con Calvo (2011), en relación a su estudio sobre la imagen de enfermería en
España, considera que a pesar de su evolución se encuentra afectada al plantear que:
la imagen enfermera continúa plagada de estereotipos y la enfermería como
profesión parece seguir funcionando como una infraestructura transparente,
como si estuviese al margen del sistema nacional de salud, transparencia que se
halla magnificada por la ausencia de signos visibles que identifiquen a los
miembros de esta profesión, tal como si las enfermeras y enfermeros no
necesitaran que se visualice socialmente su imagen.
Entorno a esto, surge la importancia de los símbolos o la imagen del cuidado en la
prestación de servicios de salud.
De igual modo, el autor antes mencionado identifica que “la construcción de una
determinada imagen, y concretamente, la identidad de la profesión enfermera, como de
cualquier otra profesión, es el "ser" de ese colectivo, su esencia o su modo de existir, lo que
le diferencia de otros colectivos”, por lo tanto, es necesario definir la esencia del cuidado en
su colectivo para la proyección de una representación en la sociedad y la precepción de un
cuidado en los usuarios. La invisibilidad de los servicios de enfermería en la valoración del
sistema sanitario, se atribuye a la apreciación de los usuarios como consecuencia de un
ejercicio del rol ante la visión tradicional del imaginario colectivo, la invisibilidad social de
los cuidados y la dificultad para cuantificarlos.
En este mismo orden de ideas, Hernández Yánez (2010), propone que “la enfermería
debería aspirar a tomar presencia como colectivo autónomo con un alto perfil profesional, y
para ello debería diseñar un plan comunicacional que la llevara del silencio a la voz de lo que
saben y deberían comunicar”, lo cual se traduce en la necesidad de un lenguaje claro y
entendible para el usuario, en donde se asuma con responsabilidad la función docente de la
profesión fortaleciendo la visión que tienen los usuarios y el equipo de salud.
Por otro lado, dentro proceso de crisis en la imagen colectiva del profesional de enfermería
en Venezuela, Restrepo y otros (2010), afirman que “la imagen que ocupa enfermería en la
sociedad, está determinada, por el quehacer a lo largo del tiempo, que a su vez se ha visto
influida por una serie de circunstancias generales y específicas, externas e internas”, a partir
de allí se plantea la necesidad de construirla en la historia, ya que la enfermería ha existido
desde tiempos inmemorables y constituye un servicio imprescindible para la sociedad.
Por tal efecto, la enfermería, se ha ido proyectando en la sociedad bajo una secuencia que
se podría asociar al cuidado, pero en su génesis se orientó al amor, a la protección de otros,
en donde el ser enfermera estaba íntimamente ligado al género femenino, y era un acto
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voluntario de ayudar a los heridos de guerra, ya que, era una forma de que el género
participara en los conflictos sociales, y fue valioso permitiendo la proyección femenina,
servil y dedicada, incluso religiosa, otorgando un valor vocacional al cuidado. Esta imagen
se ha perpetuado en obras artísticas, como fue plasmado en la obra la Piedad de Miguel
Ángel, ícono de entrega y dedicación ante el cuidado de un enfermo, que fue desencadenando
una serie de manifestaciones artísticas que han sensibilizado a las sociedades sobre el cuidado
de la persona enferma, pero que también lo han radicalizado hacia un enfoque de género.
Posteriormente, en la era contemporánea, Sánchez (2013), “ante la destrucción, pobreza y
decadencia, se da paso a la época oscura que causa una discriminación en la mujer”, se
sinceran los riesgos ante la exposición a enfermedades y se logra el trabajo voluntario de
personas con poco valor hacia la vida, la enfermería para a ser ejercida por prostitutas,
indigentes y personas muy pobres, quienes se les desvalorizaba su vida socialmente
anteponiendo el origen de ese cuidador al cuidado propiamente dicho. Es sólo hasta la edad
moderna que surgen precursores que apostaron a una profesión, quienes acertadamente le
dan forma a través del método científico ligándose íntimamente al paradigma médico,
desarrollando una imagen asociada a la ayuda y asistencia del desempeño médico,
minimizada dentro del equipo de salud.
Como resultado de la postmodernidad, ingresa el cuestionamiento, la interdisciplinariedad
y la teorización dentro de la profesión, lo que denomina el autor anteriormente mencionado
“etapa profesional”, en donde se “adquiere un protagonismo social hasta institucionalizar la
enfermería”, rompiendo paradigmas y llamando a la integración de las ciencias para producir
un profesional que responda a las demandas actuales, de modo que la imagen aun femenina
se reproduce en las áreas del cuidado del ciclo vital pero se enfrenta con fenómenos como la
globalización, la biotecnología, el capitalismo, la transculturización y el mercantilismo en la
salud. Dentro de todos estos procesos, el recurso humano de enfermería es el más numeroso
en las instituciones prestadoras de servicios de salud, y a tal efecto, amerita una inversión
económica significativa, la cual se ha restringido, de modo que el cuidado se desarrolló con
grandes fortalezas académicas, pero se resume a la masificación de una actividad.
Este proceso, en cual se forma y plasma una concepción de una profesión, se ha mantenido
en el tiempo definiendo una valoración de ese ente en un pensamiento colectivo que se
reproduce y mantiene arraigado. De acuerdo con Kappa y Otros (2003), citando a
Mouscovici, quien en su teoría de representaciones sociales determino que, “las imágenes
que condensan un conjunto de significados, sistemas de referencia permiten interpretar lo
que sucede e incluso dar sentido a lo inesperado, categorías que sirven para clasificar las
circunstancias, fenómenos y a los individuos con quienes tenemos algo que ver”, estas
imágenes no son creados o transmitidas bajo un proceso unidireccional, al contrario, es todo
un fenómeno, ya que las representaciones sociales como categoría permite el acceso a un
pensamiento social en el cual creencias, conocimientos y opiniones que emergen en colectivo
conforman la visión de un objeto.
Es por ello que, Salazar (2007), establece que “por medio de la representación social es
como las personas van adquiriendo un sistema compartido de conceptos que permiten
organizar su entorno y darles significado a las experiencias” (pp. 271), en el proceso
dinámico de salud y enfermedad, se ven involucrados la persona en sociedad, el equipo de
salud y los paradigmas preconcebidos en los mismos, interactuando en un proceso dinámico
como lo es el cuidado de la salud o la enfermedad. Así también, el autor establece que “la
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representación social explica la forma en que el ser humano concreta su visión de mundo”
(pp. 265).
Esta construcción de imagen social desde la perspectiva de Kappa y Otros (2003),
coinciden tres ejes fundamentales, como lo son la aptitud como disposición valorativa
positiva o negativa, la información en cantidad y calidad de los sujetos involucrados con la
representación como influencia y el campo de la representación en relación a la jerarquía o
el orden de los contenidos o elementos dado un significado central o accesorio; lo cual pauta
la relevancia de la relación entre los actores involucrados con el objeto, que en relación a la
representación social de enfermería se identifica desde las siguientes dimensiones: el
profesional de enfermería, el usuario, el mundo científico y los medios de información.
En proximidad con la realidad de estos actores, es de interés determinar la imagen del
cuidado enfermero en las instituciones prestadoras de servicios de salud, bajo las siguientes
interrogantes: ¿Cómo se perciben los profesionales de enfermería a mismos?, ¿Cómo los
percibe el usuario?, ¿Cómo los percibe el mundo científico? y ¿Cómo los perciben los medios
de comunicación? Esto bajo el paradigma socio crítico de concientizar la realidad para
intervenir con el objeto de emerger una nueva representación social que haga visible el
cuidado dentro de las instituciones de salud y por consecuencia en la sociedad.
En la sociedad existe la demanda de hacer visible el cuidado y difundir sus resultados, con
los avances tecnológicos, el lenguaje estandarizado, la sistematización de los cuidados y las
redes sociales, es posible dar un cambio a la organización del ejercicio de la misma, dando
un paso a la proyección de una imagen estrechamente vinculada al desarrollo humanístico,
científico y tecnológico, conformada por un equipo competente que se ocupa de generar
respuestas a la situación de salud de un país. Es por ello que dentro del sector salud, la
enfermería en su gestión de cuidados tiene una gran fortaleza y ocupa un espacio altamente
influyente en la resolución de los problemas de salud, pues el cuidado implica un menor
costo, mayor prevención, autorregulación y protección por parte del usuario. Zarate (2004),
plantea que “la gestión de los cuidados va dirigida a alcanzar el objetivo que busca la práctica
de enfermería, esta gestión como proceso recurre a la creatividad, la indagación y la
transformación en este sentido se considera heurístico” (pp. 1).
La imagen social de la enfermería, deformada o negativa dentro del equipo de salud,
conlleva un alto impacto en el desempeño del cuidado, pues se desplaza del ejercicio de
intervenciones terapéuticas hacia la ejecución de una tarea de forma repetitiva, automática e
inhumana, generando un mensaje en el usuario, quien acepta esta imagen para no demandar
ningún otro acto de cuidado. Frente a esta realidad, Heierle Valero (2015), expresa que, “Si,
como parece, tal imagen hoy no es la adecuada, se debería hacer un esfuerzo por adecuarla a
la realidad, para así, lograr que estos profesionales ganen prestigio y sus recomendaciones
sean seguidas por sus clientes” (pp. 4).
Esto se traduce de múltiples formas en el proceso de salud-enfermedad, pues el cuidado
en el proceso de curación es asumido por una persona sin la preparación ni el asesoramiento
terapéutico para hacerlo, que tiene un compromiso afectivo con el usuario pues con
frecuencia tiene una consanguinidad de primer grado que no le permite ejecutar estas
acciones con asepsia, seguridad, pericia y conocimiento.
Por lo anterior, se hace imperante reflexionar sobre la subutilización del recurso humano
en enfermería en la ejecución de actividades de poca complejidad, puesto que representa el
desempeño de una persona que se formó durante 4 años bajo una perspectiva biopsicosocial
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y espiritual con competencias en el cuidado integral, el cual se ubica en un ambiente adverso
a realizar una tarea (única en ocasiones) que ciertamente es necesaria dentro de una
institución de salud, pero atribuibles a otro personal.
Existe un significado profundo de la verdadera innovación de la gestión de los cuidados
de salud, y este se encuentra en introducir cambios oportunos que resulten en una mejora
sólida y mesurable, es decir, cambios aceptables que se reconozcan y se mantengan en el
tiempo (Heierle Valero, 2015). La gestión de un cuidado terapéutico garantiza el
afrontamiento en el enfermo crónico, su reinserción social y evite la perdida potencial de
años productivos, así también genera una alta satisfacción en el profesional, una identidad en
su imagen y confianza en el equipo de salud.
Conclusiones
Es positivo orientar la investigación hacia el estudio del proceso por el cual nace esta
imagen representativa, el tiempo en que se mantiene en una sociedad y el momento en que
inicia una crisis transformadora, es importante reconocer que como seres humanos
construimos una cultura y esa cultura determina el significado de un aspecto de nuestra vida.
En este sentido es necesario que la enfermería divulgue los avances, en su historia se muestre
atractiva, interesante como profesión que devele la invisibilidad con la que se mantiene por
sus orígenes estereotipados y por un sistema hegemónico y patriarcal.
Así también, se deben liderar cambios para demostrar la autonomía en los cuidados, no
solo de personas enfermos, sino también de un colectivo sano, evidenciar un profesional
capaz de reflexionar de forma crítica, para eso, los enfermeros deben estar preparados y
dispuestos a crear ambientes de opinión donde se generen temas que den a conocer el trabajo
que realiza sus competencias, explicarlas y hacerlas comprender desde un contexto individual
con el paciente, la familia y al colectivo social en lo general, con el fin de propiciar el impacto
que genera un profesional universitario de grado, que trabaja de forma ordenada, con enfoque
y conocimiento amplio de la educación para la salud, con un pensamiento crítico reflexivo,
que además cuenta con habilidades y destrezas clínicas que trabaja con un compromiso para
brindar calidad en el cuidado que ofrece bajo estándares de evidencia científica fruto de sus
investigaciones.
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