Revista Cuatrimestral “Conecta Libertad” Recibido (Received): 2016/12/11
Vol. 2, Núm. 3, pp. 42-48 Aceptado (Acepted): 2017/04/20
ISSN 2661-6904
45
voluntario de ayudar a los heridos de guerra, ya que, era una forma de que el género
participara en los conflictos sociales, y fue valioso permitiendo la proyección femenina,
servil y dedicada, incluso religiosa, otorgando un valor vocacional al cuidado. Esta imagen
se ha perpetuado en obras artísticas, como fue plasmado en la obra la Piedad de Miguel
Ángel, ícono de entrega y dedicación ante el cuidado de un enfermo, que fue desencadenando
una serie de manifestaciones artísticas que han sensibilizado a las sociedades sobre el cuidado
de la persona enferma, pero que también lo han radicalizado hacia un enfoque de género.
Posteriormente, en la era contemporánea, Sánchez (2013), “ante la destrucción, pobreza y
decadencia, se da paso a la época oscura que causa una discriminación en la mujer”, se
sinceran los riesgos ante la exposición a enfermedades y se logra el trabajo voluntario de
personas con poco valor hacia la vida, la enfermería para a ser ejercida por prostitutas,
indigentes y personas muy pobres, quienes se les desvalorizaba su vida socialmente
anteponiendo el origen de ese cuidador al cuidado propiamente dicho. Es sólo hasta la edad
moderna que surgen precursores que apostaron a una profesión, quienes acertadamente le
dan forma a través del método científico ligándose íntimamente al paradigma médico,
desarrollando una imagen asociada a la ayuda y asistencia del desempeño médico,
minimizada dentro del equipo de salud.
Como resultado de la postmodernidad, ingresa el cuestionamiento, la interdisciplinariedad
y la teorización dentro de la profesión, lo que denomina el autor anteriormente mencionado
“etapa profesional”, en donde se “adquiere un protagonismo social hasta institucionalizar la
enfermería”, rompiendo paradigmas y llamando a la integración de las ciencias para producir
un profesional que responda a las demandas actuales, de modo que la imagen aun femenina
se reproduce en las áreas del cuidado del ciclo vital pero se enfrenta con fenómenos como la
globalización, la biotecnología, el capitalismo, la transculturización y el mercantilismo en la
salud. Dentro de todos estos procesos, el recurso humano de enfermería es el más numeroso
en las instituciones prestadoras de servicios de salud, y a tal efecto, amerita una inversión
económica significativa, la cual se ha restringido, de modo que el cuidado se desarrolló con
grandes fortalezas académicas, pero se resume a la masificación de una actividad.
Este proceso, en cual se forma y plasma una concepción de una profesión, se ha mantenido
en el tiempo definiendo una valoración de ese ente en un pensamiento colectivo que se
reproduce y mantiene arraigado. De acuerdo con Kappa y Otros (2003), citando a
Mouscovici, quien en su teoría de representaciones sociales determino que, “las imágenes
que condensan un conjunto de significados, sistemas de referencia permiten interpretar lo
que sucede e incluso dar sentido a lo inesperado, categorías que sirven para clasificar las
circunstancias, fenómenos y a los individuos con quienes tenemos algo que ver”, estas
imágenes no son creados o transmitidas bajo un proceso unidireccional, al contrario, es todo
un fenómeno, ya que las representaciones sociales como categoría permite el acceso a un
pensamiento social en el cual creencias, conocimientos y opiniones que emergen en colectivo
conforman la visión de un objeto.
Es por ello que, Salazar (2007), establece que “por medio de la representación social es
como las personas van adquiriendo un sistema compartido de conceptos que permiten
organizar su entorno y darles significado a las experiencias” (pp. 271), en el proceso
dinámico de salud y enfermedad, se ven involucrados la persona en sociedad, el equipo de
salud y los paradigmas preconcebidos en los mismos, interactuando en un proceso dinámico
como lo es el cuidado de la salud o la enfermedad. Así también, el autor establece que “la